Vibia Perpetua

Vibia Perpetua, Circa 181-203 d.C. La historia de esta hermosa Mujer Apostólica llega a nosotros de su propio diario, el cual llegó a las manos de Tertuliano. Tertuliano apostató al movimiento de Montano de mujeres predicadoras alrededor del 207-210 según los estudiosos. Quizá ningún hombre de su día, conocía más acerca de la influencia Gnóstica sobre las mujeres, que Tertuliano. Con frecuencia, él es ridiculizado por su estricta evaluación de las mujeres y de su deber de santidad. Sus detractores le llaman un odiador de mujeres. En sus influenciados escritos Montanistas Tertuliano fue clave al tomar parte en el desarrollo de la doctrina de la trinidad. No hay registro que él se retractara alguna vez de este error. Su odio contra Praxeas fue después que se convirtiera a las herejías de Montano y se nos obliga a creer que la trinidad entre los Padres Ante-Nicenos vino entonces vía herejías de Montano por Tertuliano. La Iglesia Católica acepta las enseñanzas trinitarias Montanistas de Tertuliano. Hay poca evidencia que Tertuliano fuera trinitario hasta que se convirtió en Montanista. Él abandonó las jerarquías en formación de lo que llegó a ser la Iglesia Católica, y nunca regresó. Ellos nunca le han perdonado. Los Hombres Unicitarios se rehúsan a perdonarle por sus herejías porque él nunca se arrepintió. Así que él cuelga en la balanza de la eternidad con pocos amigos. Su informe del registro de Vibia Perpetua fue antes de su apostasía.

Perpetua nació en Cartago, el pueblo de Tertuliano, una ciudad del Norte de África, alrededor del 181 d.C. Ella era negra en cuanto al color de piel pero era una hija de Dios en cuanto a religión. Sus padres eran paganos y fue criada para adorar ídolos. Ella se casó en su adolescencia tardía. Un niño nació de esta unión. Alrededor del 201 d.C., a Perpetua le fue presentado el Mensaje Apostólico. Tenía entonces veinte años de edad. Se cree que su conversión fue la obra de su sirvienta, Felicitas. Perpetua fue tocada por el Espíritu de Dios y fue llena con el Espíritu Santo. Ella fue bautizada en el Nombre de Jesús Mesías. Su marido se negó a permanecer casado con una Cristiana, y la abandonó, dejando al niño para que la madre lo criara sola. En su diario ella escribió de su bautismo:

Perpetua y Felicitas eran miembros de una nueva congregación Apostólica en Cartago. Con la membresía de Perpetua la Iglesia creció a un gran total de seis. Además de Perpetua y Felicitas, también estaban el Pastor Saturo, y los hermanos Revocato, Secúndulo, y Saturnino.

El emperador romano Septimio Severo decretó que se le prohibía a los Cristianos que hicieran conversos y debían renunciar a su fe. La prueba de negar al Mesías era quemar una pizca de incienso al emperador como dios. La pequeña congregación de Cartago de seis miembros evadió este decreto. Fueron reportados al Procurador Romano Hilariano. Un político oportunista, Hilariano los arrestó y lanzó a la cárcel. El hijo de Perpetua fue arrebatado de su pecho y entregado a su familia. Su anciano padre vino a la prisión y le rogó que renunciara al Mesías y regresara al culto y veneración de ídolos de la familia. ¡Ella se negó! Él la amenazó con golpearla. Sin embargo ella permaneció inquebrantable. Ella rogaba por el niño. Después de unos cuantos días su petición fue concedida y el niño fue traído a ella visiblemente mal nutrido y moribundo. Al momento que el niño y ella se unieron, se acurrucó a su madre y se alimentó. Perpetua escribió:

El niño rápidamente revivió y durante unos cuantos días ellos compartieron la más intima comunión de madre-hijo.

Antes que ella fuese presentada ante el tribunal, su padre regresó a implorarle una segunda vez que renunciara al Mesías. Él había ido en privado a las autoridades Romanas para conocer del destino de su hija. Éstas le dijeron que ella estaba programada para ser lanzada a la bestia salvaje y por último sería decapitada si ella continuaba desafiando el decreto del emperador. Corriendo a ella, con lágrimas atravesando su rostro, el anciano padre imploraba. En su diario ella escribió acerca del mirar a los ojos amorosos de su padre e intentar consolarlo. Sabiendo ella que no iba a ceder, él besó sus manos y cayó a sus pies llorando. Los guardias lo arrastraron.

Al día siguiente, ella junto con los otros cinco miembros de la pequeña Iglesia fue llevada ante el Procurador. Cuando llegó su turno, Hilariano preguntó: "¿Eres tú Cristiana?" Perpetua respondió: "Yo no puedo abandonar mi fe por la libertad, Yo soy Cristiana." Su padre, estando en pie en el salón del juicio y oyendo estas palabras, irrumpió y corrió ante el Procurador, en un último intento para salvarla. Hilariano mandó que fuese golpeado con una vara y fuese lanzado a la calle. Lágrimas fluyeron por sus mejillas cuando ella observaba que su papa estaba siendo golpeado y arrastrado.

El día de la ejecución fue anunciado. Pregoneros iban por toda la ciudad anunciando que los Cristianos serían lanzados a la bestia salvaje en la arena de deportes. La ciudad murmuraba con excitación. Sacerdotes de la religión pagana trabajan la ignorancia de las multitudes y desafiaban el derecho del Cristiano para hacer conversos. Felicitas tenía ocho meses de embarazo. Era atormentada que ella y el infante no nacido serían lanzados a la bestia salvaje juntos. Ella deseaba que el Pastor y los demás oraran para que el niño naciera antes del día de la muerte. Todos ellos se unieron en oración e hicieron conocer esta petición a Dios. Tres días antes que fuesen ejecutados, los dolores de parto comenzaron y una niña vino al mundo. Un guardia, oyendo su llanto de sufrimiento, se burló de ella diciendo: "Si lloras ahora, ¿qué harás cuando sean lanzados a la bestia salvaje en la arena de deportes?" Su hija le fue quitada y entregada a su familia. Su oración fue respondida.

En el día de la ejecución, la pequeña familia de la Iglesia marchó en una sola fila orgullosamente a su sacrificio. Mientras se acercaban al asiento del Procurador y sus amigos de gobierno, Hilariano los señaló burlonamente, cruzó sus brazos, y se sentó nuevamente en su asiento. Cuando la pequeña banda de Cristianos llegó ante su indignante sonrisa, cada uno de ellos le dijo: "Usted podrá juzgarnos, pero Dios le juzgará a usted y a esta ciudad." Hilariano se levantó furioso, por ser avergonzado delante de sus amigos, y ordenó que fuesen golpeados inmediatamente.

El Pastor Saturo fue lanzado a su muerte primero. Él fue atacado por un leopardo, un oso, y un jabalí salvaje. Cuando la bestia hambrienta embestía y atacaba, quitando precipitadamente su piel, él se caía y se levantaba, su cuerpo se empapaba en su propia sangre. La voz de un sacerdote pagano gritó: "Él enseña el bautismo de la sangre de Jesús. Ahora miren al imbécil cubierto con su propia sangre. Está bien bautizado." Un canto salió de alguno de los devotos del santuario pagano que asistían con el sacerdote: "Está bien bautizado. Está bien bautizado." Cada vez que el Pastor Saturo se levantaba sobre sus pies, levantaba sus manos en honra y alabanza como un saludo para Dios. Cuando él no pudo levantar más sus manos y su sangre se esparció por una gran área, fue decapitado y el resto de su cuerpo fue arrastrado.

La furia del pueblo de Cartago se desató sobre estas seis preciosas almas. Uno por uno, Revocato, Secúndulo, y Saturnino encontraron el mismo destino. Una por una, sus cabezas cortadas eran levantadas en tributo, para mostrar a la multitud, que Roma y Cartago no tolerarían a Jesús Mesías y que los Cristianos intentaran hacer conversos. Hilariano reservó a las mujeres para el gran final.

Las anteriores bestias, bien alimentadas con la carne y sangre de cuatro valientes hombres Apostólicos, fueron quitadas de la arena de deportes y fue puesto un novillo salvaje. Las mujeres Apostólicas fueron lanzadas a la arena delante de este animal. El novillo atacó a Perpetua primero. Atravesándola con ambos cuernos, su precioso cuerpo fue arrojado en un montón de giros sobre su espalda, adonde ella cayó débil a la tierra. La bestia, volteando, vio a Felicitas, y cargó contra ella repetidamente. Cada vez ella era atravesada con uno o más cuernos y su cuerpo tirado de lado a lado mientras el animal intentaba soltar la carne de su frente. Perpetua recobró su visión y fuerza. En severo dolor ella se tiró sobre sus manos y rodillas. Viendo a su amiga salvajemente desgarrada y yaciendo en una piscina de sangre, ella gateó al lado de su sirvienta. Ella notó que sus propias ropas estaban desgarradas y su cuerpo estaba parcialmente expuesto. Ella modestamente intentó tapar su desnudez, cogiendo la ropa rasgada con una mano mientras servía y oraba por su sirvienta con la otra.

La voz de un hombre anciano rogó en un clamor de desesperación: "¡Es suficiente!"

La multitud, movida con un momento de sensibilidad, comenzó a cantar: "¡Es suficiente, es suficiente!"

Hilariano observó la simpatía de sus súbditos y señaló que viniera el gladiador y concluyera su deber. Perpetua recobró la fuerza suficiente para levantarse sobre sus pies. Viendo a uno de sus hermanos, ella forcejeó hacia él. Con sus palabras moribundas, le rogó que se convirtiera en Cristiano y no perdiera su fe. El gladiador enrolló su cabello largo encantador empapado de sangre en un nudo envuelto, y la arrojó a la tierra. Embriagado por el frenesí del rugir de la multitud, él hizo que su espada cayera con gran estrépito sobre su cuerpo. Su primer golpe la cortó en su hombro y dejó solamente un pequeño cortada en su cuello. Con una mano sangrante que alcanzaba para confortar esa dolorosa herida, algunos creían que ella estaba señalando el siguiente lugar que él golpearía. No fue una muerte rápida. El embriagado gladiador necesitó numerosos cortes antes que su cabeza fuera cortada. Él cogió sus cabellos y jaló su cabeza en un último tirón, desgarrando el último resto de piel que le quedaba hasta el torso. Él levantó el rostro ensangrentado de esta preciosa hija de Dios a Hilariano y a una sonriente multitud satisfecha. El día de la matanza había terminado. Seis Cristianos fueron muertos. Cada uno de ellos selló su testimonio con su propia sangre. En el cielo, el decreto oficial fue ordenado: "Cartago debe ser destruida, la venganza es mía dice el Señor, YO PAGARÉ."

Dentro de veinte años, alrededor de 300,000 personas de Cartago fueron asesinadas en la guerra más sangrienta del siglo. La ciudad fue casi destruida. Durante los siguientes cuatrocientos años, cientos de miles fueron asesinados y la ciudad fue casi destruida en cada ocasión. Finalmente, en el 698 d.C. Cartago fue completamente destruida y se piensa que pereció alrededor de un millón de almas. Todo en total, es seguro estimar, que casi dos millones de almas dieron cuenta por la sangre derramada de seis preciosas almas Apostólicas. ¿Necesitará Dios arrepentirse por hacer infierno después de estos tipos de atrocidades odiables sobre sus hijos? ¿Puede alguien santificar una arena de deportes y Dios colocar su estampa de aprobación sobre éste? ¿Puede un verdadero Hijo de Dios ir y jugar juegos en un edificio que representa un símbolo de supremo odio y sacrificio de preciosos Cristianos durante los siglos? La copa no está llena todavía. Durante los siguientes catorce siglos, se estima que casi quince millones fueron asesinados por la Iglesia Católica, continuando la sangre derramada por Misterio Babilonia.

El rastro carmesí lleva desde el Palacio del Rey Herodes hasta Belén donde un incalculable número de bebes varones fueron asesinados. Éste procede del Templo en Jerusalén, bajando su camino a un pasaje secreto a las entrañas de las cavernas subterráneas, donde Juan el Bautista fue ejecutado. Entre estos túneles, directamente debajo donde estaba en pie el altar, secretamente metidos en los muros, están los restos de santos asesinados, cuya sangre seca clama desde estas ruinas arqueológicas, "¡¿Hasta cuándo Oh Señor?!" Prorrumpiendo en la luz del sol, el rastro emerge del frío túnel principal que precede a la torre de Antonia y el salón de Pilato, donde Jesús fue azotado. Del Calvario a la prisión donde Santiago fue decapitado, hasta la calle de la ciudad donde Esteban cayó muerto. En la tierra alrededor del poste del azote donde los Apóstoles y otros Cristianos recibieron numerosas flagelaciones de cuarenta latigazos menos uno. En los cientos de pequeños hogares con pisos sucios, donde las familias, apenas con el suficiente alimento, se amontonaban de miedo cuando los cazadores subsidiados del Templo tumbaban las puertas, buscando y capturando sus preciosas almas, y rápidamente derramando su sangre. El rastro lleva hacia Damasco donde Saúlo junto a un sangriento rastro hecho por él encuentra a Dios. Desde Israel éste teje su camino de ciudad a ciudad, nación a nación, continente a continente, isla a isla, y llega a nuestro tiempo de vida a la puerta de la Iglesia Apostólica del día final. Márquelo. Los Pentecostales Carismáticos, con su creciente odio y detestar de oír el antiguo patrón del mensaje Apostólico de santidad, prestarán sus voces, como lo hicieron los "cristianos apostatas traidores" en los días de los Apóstoles, para ocasionar la sangre derramada de santos en el futuro no distante. Jesús lo predijo. Esto sucederá. Esto anunciará la ira de Dios y el fin del siglo.

Ante ustedes dos mujeres, Antoinette L. Brown, una mujer predicadora ordenada hecha por su propio esfuerzo y por un periódico. Nada fue precioso o sagrado, excepto la voluntad de su desenfrenada lujuria de feminizar los púlpitos de América. Por otro lado, Perpetua no tuvo mayor amor que el de permanecer en su obra como una verdadera Mujer Apostólica, no deseando alterar una sola palabra del precioso Libro. Ella ni deseó o demandó ser hecha una mujer predicadora. Ella fue cortada en su juventud, mientras que Antoinette Brown vivió después de su maquinado pecado, sesenta y ocho años, pecando en su día de gracia. Ella vivió para ostentar de su liberalismo feminista lo mejor que pudo, delante de Dios, ya que ella se hacía pasar en el disfraz de un Hombre de Dios. Aquí están manifiestas dos naturalezas. La una representa la levadura de la Babilonia Gnóstica y la otra la belleza de la verdadera Mujer Apostólica.

La verdadera Mujer Apostólica posee la naturaleza más dulce sobre la tierra. Ella debe ser lo que Eva era antes de la caída. Su ternura la conserva humilde y su alma magnifica al Señor. Ella podrá sentirse descuidada, dar por sentada, con frecuencia ignorada, y muchas veces herida: pero su fe está en la recompensa, y por eso ella perdona y perdona y perdona. Ella es una razón por la que Jesús dijo que prepararía un lugar que ojos no hayan visto ni oído haya oído. ¡La Mujer Apostólica vive una vida de piedad, y en santidad, ella adora al Dios verdadero y vivo, JESÚS Mesías! ¡Por consiguiente, no nos avergonzamos de llamarla . . .HERMANA!

Dios trazó la línea contra mujeres sacerdotisas y mujeres predicadoras en todo el tiempo entero de la historia de la Biblia. El último movimiento apostata que usurpará autoridad de Jesús Mesías sobre el mundo será la gran ramera de Misterio Babilonia. Este Espíritu vendrá contra los Ministros de Dios del tiempo del fin. Éste vendrá en parte de las mujeres que no se bajarán del púlpito. Éste vendrá de los hombres en acuerdo con estas mujeres fuera de orden. Pero la Verdad prevalecerá y todos los que no anden según la fe de Jesús Mesías se perderán.

La pregunta: "¿PUEDE UNA MUUJER PREDICAR?" es respondida negativamente. No, ellas Bíblicamente no pueden predicar en ninguna Iglesia Apostólica a miembros Apostólicos. Ellas no pueden declarar que Dios las envió, Dios las llamó, o Dios las ordenó. ¡Estas tres afirmaciones son falsas!

Oro que el favor y gracia del Señor Jesús Mesías sea sobre todos aquellos que leyeron y que fueron bendecidos por éste para caminar en el Pacto de las Escrituras.

Amén.

Con todo mi amor,

G. Reckart, Pastor

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