Febe

¿Era Febe una mujer predicadora? ¿Dice el texto que ella era una predicadora? ¡La respuesta es NO! Usted notará que ellas han hecho a Febe una mujer predicadora, pero en ningún lugar dicen que ella fue calificada porque era profetiza. En todos los ejemplos previos, las mujeres predicadoras han demandado que están calificadas basándose en ser llamadas profetizas. Ahora ellas han agregado una nueva inclinación a su doctrina Gnóstica. Una mujer podrá ser certificada como una mujer predicadora si califica ser llamada como "sierva." ¿Cómo es que una mujer viuda, que se ha convertido en custodia de la Iglesia porque carece de familia sobreviviente, es tan fácilmente hecha una predicadora? ¿No estamos hallando nuevamente, que como la serpiente alteró el uso de palabras con Eva, así la serpiente antigua inspira a alguien hacer la misma cosa aquí?

Febe no era una mujer predicadora, "sierva de Dios." Pablo dijo que ella era "diaconisa" de la Iglesia. La palabra "diaconisa" puede significar no más que la de "miembro." Todos los santos son siervos al Mesías y están bajo el manejo y administración del Pastor. La Escritura NO DICE que Febe era una "sierva de Dios," dando a entender que ella era una predicadora. Aquí dentro la serpiente intenta hacer un cambio de palabras nuevamente. El amor de las Evas modernas al intercambio, porque les promete algo que ellas no son, está una vez más probando que la interpretación y opinión de la Palabra de Dios nunca están seguros en las manos y mentes de mujeres conspiradoras.

Sería paradójico que Pablo mandase que la mujer estuviese en silencio en la Iglesia y señalara atrás a la serpiente y decepción de Eva, y luego ordenara a una Iglesia entera que entregase la banca, altar, y púlpito a una mujer predicadora. Para que una mujer fuese carga para la Iglesia, ella debía ser viuda por encima de una edad precisa y no tener familia sobreviviente que la cuidase. Antes de que fuese vendida en los mercados de esclavos que traficaban pesadamente con personas pobres y con deudas, Pablo deseaba que estos santos fuesen rescatados y cuidados por la benevolencia de la Iglesia.

Era de costumbre entre aquellos Cristianos del primer siglo, cuando veían a otro Cristiano que estaba siendo vendido como esclavo, comprarlo cuando podían pagarlo y hacerlos libres nuevamente. Muchos de estos, sintiéndose en deuda, se convertían en siervos de la familia redentora o de la Iglesia por gratitud. Pues aquellos santos ancianos que no tenían familia, ellos no eran mantenidos en esclavitud, sino más bien, habiendo sido comprados, eran libres. Algunos trabajaban para la Iglesia por aprecio.

Usted recordará que Filemón rescató a un Cristiano llamado Onésimo que de otra forma habría sido comprado por un pagano. Él se convirtió en un voluntario esclavo de la familia hasta que su deuda fue quitada para mostrar su gratitud. Onésimo parece haber sido un convertido de Pablo en algún previo tiempo financiero mejor. No sabemos las circunstancias que lo llevaron a convertirse en siervo. Pero podemos estar seguros, fue mucho más preferible que él fuese comprado por un Cristiano, que ser comprado, violado, golpeado, o abusado y asesinado, por aquellos paganos que no alzaban los principios humanitarios de los Cristianos. Onésimo evadió a Pablo cuando oyó que el Hombre de Dios que le compró la salvación estaba en peligro por su vida en Roma. Pablo buscó el perdón de Filemón en nombre de Onésimo. Aunque no es relatado, Febe se convirtió en una sierva de edad de la Iglesia por alguna razón. Lo más cierto no fue porque ella era una predicadora.

No podemos saber de Febe si ella era una de éstos comprados o santos rescatados. La Biblia guarda silencio y no hay registro oficial, otro que las pocas palabras que Pablo escribió a los Romanos. Solamente dos versos la mencionan, y de éstos debemos espigar la verdad basados en la autoridad de la Fe y Práctica existente entre las Iglesias. Una cosa es clara. No había mujeres predicadoras, así que la obra de la "diaconisa" Febe era otra a la de predicar. No nos atrevemos a permitir la corrupción de estos dos versos en las manos de mujeres, o la entera Palabra de Dios no está segura. Tales clases de necesarias contradicciones para hacer a Febe una predicadora, crean falsa doctrina, denominaciones, dureza espiritual del corazón, y trae muerte eterna.

Febe no fue enviada a Roma por Pablo a predicar a la Iglesia allí. El texto no dice esto, y hacer que lo diga, es falsedad. El propósito de la visita de Febe a Roma es claramente declarado y éste no hace mención a predicar.

Al momento del viaje de Febe a Roma, los Cristianos habían estado experimentando pesada persecución allí. Muchos habían sido condenados a muerte. Algunos estaban en prisión. Algunos habían sido vendidos en esclavitud. Algunos estaban esperando en celdas de prisión en las arenas y los teatros, para allí ser lanzados a las bestias salvajes y para ser mutilados por gladiadores paganos en los siguientes eventos deportivos. Este clima de odio contra los Cristianos no fue bueno. El miedo estaba en el corazón de muchos. Ellos se escondieron debajo de Roma en las cavernas de las sepulturas conocidas como las catacumbas. Espías eran enviados para infiltrarse en los Cristianos y averiguar quiénes eran ellos y en donde se reunían como Iglesia. Se hizo necesario para las Iglesias encontrar una forma de comunicarse y recomendaban a aquellos que eran creyentes legítimos. Una persona no podía abiertamente confesar su salvación o fe. Febe estaba en Cencrea y sentía una carga de correr a estas dolidas y desesperadas almas. Ella había sido un socorro o ayuda para muchos y ella quería ir a Roma para ayudar.

De algún modo esto fue transmitido a Pablo y él dio bienvenida a su deseo. Por vía de la entera carta a los Romanos, la cual ningún espía podía siquiera esperar saber como se escribió, Pablo envió a Febe a Roma. No hay diferencia en esto a que una persona lleve la Biblia a la Iglesia hoy. Los dos versos establecen su nombre, registro de su pasado espiritual en su Iglesia local, su registro de servicio humanitario, y sus requisitos y propósito de venir a Roma. La dedicación de esta preciosa mujer es ignorada, en el sencillo esfuerzo de hacerla una mujer predicadora. Esta es la conclusión más triste que una persona pudiera trazar de semejante vida de sacrificio.

Febe fue a Roma a "Socorrer" y eso es todo. Este ministerio no es predicación. Es servir a la humanidad en el más benevolente amor que se pueda mostrar. Claramente no es auto-servicio (usurpar una licencia de predicación), sino servicio de alma (dar). Ella fue, no dudo, a rescatar y esconder a aquellos que pudiera; A consolar a las madres que perdían hijos e hijas por las bestias y gladiadores paganos en las arenas de los deportes y los teatros. (Dios aborrece estas malditas ensangrentadas santuarios de sacrificio humano, ¿cómo puede alguno de ustedes ir a éstos?) Febe secó las frentes de aquellos enfermos de fiebre. Ella ministró a las heridas de aquellos que sufrían desnudez y frío. De hecho es extraño que una mujer desee arriesgar su vida de semejante manera. ¡Esto es devoción! Me entristece decir, Yo no he encontrado este espíritu en ninguna mujer que haya robado el nombre de Febe por uso para certificar mujeres predicadoras. Para las mujeres predicadoras, el nombre de Febe es bueno solamente como una excusa para predicar. Ella nunca esa alabada por la SANTA que ella era. Febe es la imagen de la verdadera Mujer Apostólica. ¿Le gustaría a Dios que aquellas mujeres con grandes cuentas bancarias y casas caras vieran simplemente cuánta bendición pudieran ser esforzando obras, si ellas solamente consideraran una necesidad mundial y fueran a ayudar a socorrer? Si usted no sabe cómo, llámeme y Yo le guiaré. Pero no me llame para que sea ordenada para predicar.

He conocido un número de mujeres predicadoras, ninguna de ellas es una Febe. Sin embargo ellas quieren robar un espacio en el Ministerio de Cinco Partes usando su obra de diaconisa. He visto cantidad de Febes en mi vida, pero nunca en el púlpito. Ellas son las mujeres que limpian la Iglesia; buscan el pollo; preparan la comida para la casa del pastor cuando los Ministros visitas están allí; ellas visitan y llaman al enfermo, les envían flores y tarjetas; ellas visitan hospitales y guarderías, consuelan corazones, oran y leen las Escrituras; ellas corren a hospitales y se sientan durante horas en salas de espera de cirugía orando por un hermano o hermana de la Iglesia en una emergencia médica; ellas preparan los artículos necesarios para la Cena del Señor; ellas preparan bienes para ventas de mercado y tejen y bordan el más hermoso de los diseños, colectan dinero para la obra de Dios; ellas dan diezmos con regularidad y cuando el cheque de la seguridad social es apenas lo suficiente, todavía dan; ellas prestan dinero a amigos y contribuyen a construir iglesias; ellas llevan paquetes de golosinas a los pobres y dan dinero para ayudar a alguna pareja o familia desventurada a que les devuelvan sus implementos, ellas ayunan y oran; ellas son guerreras de la oración; ellas oran por su Pastor, su esposa y familia, con oración ferviente; y ellas obran el altar para orar por las almas arrepentidas y los apartados. Ellas dan dinero y hacen pequeños viajes misioneros cerca de casa y llenan su copa de gozo. Ellas no tienen ambición de predicar. Como verdaderas Febes, ellas ministran con sus manos y corazones, no sus bocas, malas actitudes, o espíritus rudos. La verdadera Febe le dirá que no tiene lujuria por el púlpito. Ella está espiritualmente totalmente realizada y su copa rebosa.

En el registro de Romanos de Febe, Pablo le dijo a la Iglesia Romana:

La palabra "cosa" en este texto viene de una palabra Griega que implica actividad con bienes "materiales." El verso podría ser bien parafraseado así:

Esto hace al intento de la instrucción de Pablo muy claro. El pueblo de la Iglesia debía ayudar a Febe y suplir las necesidades materiales para que ella desarrollara su obra de socorrer. Este ministerio fue el propósito de su primer viaje. Ella no estaba predicando. En ningún lugar en la Biblia está la predicación clasificada como "socorrer."

Tertuliano, que se convirtió al Montanismo, inflexiblemente enseñó hasta su muerte, que a ninguna mujer entre la original Iglesia Apostólica se le permitió bautizar, predicar, servir comunión, o tener autoridad en la Iglesia. Tertuliano luchó contra la influencia Gnóstica que había corrompido muchas Iglesias. Los Gnósticos fueron los antagonistas de la Iglesia primitiva y del Apóstol Pablo. Esta secta veneraba a la serpiente y a Eva, y fue el origen del movimiento de la mujer predicadora en el primer y segundo siglo. Mi sección sobre los Gnósticos atará más claramente la revolución de la mujer predicadora al misterio Gnóstico de la iniquidad.

Febe no era una "sierva" de Dios en el sentido de ser un miembro del Ministerio del Nuevo Testamento. Ella no era miembro del Ministerio de Cinco Partes. Ella no era miembro del Orden de Melquisedec en Jesús Mesías. Robar su buen nombre y prostituirla con un carácter que ella habría repudiado y gritar por ella para consultar algo, es errado. Asociarla con una conducta conocida solamente entre las mujeres Gnósticas de su día, es errado. Es maldad. Es pecado.

Febe es un maravilloso ejemplo de la Mujer Apostólica que debería dar gracia a toda Iglesia. Cada Pastor debería ser bendecido con muchas Febe. Por todo el mundo, hay hermosas Mujeres Apostólicas que son las verdaderas Febe de nuestros días. Ellas con frecuencia trabajan detrás de las escenas y obtienen muy poca alabanza o reconocimiento. Ellas desarrollan su labor de amor y adoración en la belleza de la santidad. Ellas no buscan capturar un púlpito o tener el título de "mujer predicadora." Todo lo que ellas desean es un lugar para ser usada por Dios, amadas, y respetadas, como una Mujer Apostólica. Ellas no creen que estén en esclavitud a algún legalismo hecho de hombres. Dios ha perdonado sus vidas, sanados sus cuerpos, guardado del daño, les ha dado gracia, y ellas aman y respetan la honra que él les dio. Esta es la verdadera imagen de la Mujer Apostólica. La mujer predicadora nunca puede encajar o igualar a estas mujeres. Las Febe de la Iglesia están enamoradas de Dios, no enamoradas de la autoridad, gobierno, o control del púlpito.

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